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Yo misma, sin filtros

Un sobre mí diferente

Me declaro una enamorada de toda manifestación artística

En mi infancia manifesté una gran inquietud por el dibujo y el piano. Años después, realicé una inmersión en el campo de las bellas artes, donde la pintura, la escultura, la fotografía, la música o el arte dramático fueron mi pasión.

Más tarde comprendí que el mundo y la vida misma son el material más importante, con mayor plasticidad y capacidad de transformación con los que uno puede, y en algunos casos debe, expresarse y hacer así de su vida la mayor obra de arte.

La vida es una performance maravillosa y divina y el arte es el lenguaje en el que lo divino se manifiesta a través de nosotros. El arte nació en mí del sufrimiento más profundo y fue entonces cuando el arte salvó mi vida.

Me fue revelada la maravillosa cualidad de poder hacer del mundo un lugar más bonito, de poder vislumbrar la belleza que se esconde detrás de todas las cosas, aun de los acontecimientos más terribles. De no ser así, no habría encontrado sentido a mi existencia.

También nació de mi propio sufrimiento un gran impulso y voluntad de ayudar a otras personas, en concreto a otras mujeres. La filantropía y el arte se fusionaron en mi camino vital hace ya más de 20 años.

Después de matar el gusanillo de la interpretación y la ilustración, entre otras cosas, fui centrándome en el mundo del maquillaje. La piel era para mí un lienzo vivo al que había que cuidar y preparar hasta poder lucir la obra final. 

Así mi formación profesional se fue centrando en la piel y la salud, pero fue observando más allá de lo que perciben los ojos y escuchando más allá de lo que transmiten las palabras, penetrando en los estratos de la piel, ahondando capa a capa hasta lo más profundo del ser, hasta llegar al alma, cuando me di cuenta de que no podía quedarme solo en la superficie.

La imagen exterior es una proyección de lo que somos realmente, de cómo estamos por dentro, de cómo nos sentimos, de cómo pensamos. Somos un «todo» indivisible y con el «todo» estamos conectados.

 

La piel es un órgano maravilloso que revela mucha información.
Cuidarla no es una frivolidad estética, sino SALUD

Pensé que si podía captar ciertos matices y cualidades sutiles no perceptibles a simple vista, tenía la obligación moral de hacer «algo más» por las personas que pasaban por mis manos.

Y de ahí que no trate solo la piel, ayudo también, en la medida de lo posible, a que algo se modifique en el interior de las personas, contribuyendo a que se sientan y se vean mejor, a ser, en definitiva, más felices. Todo ello se trasluce al exterior emergiendo una belleza más plena y auténtica.

Por ello, mi pasión y mi curiosidad me llevaron a seguir explorando distintas disciplinas y terapias. A día de hoy, sigo investigando y estudiando para llevar a cabo mi misión en la vida, que es ayudar a otras personas con todas las herramientas que estén en mis manos y en mi conocimiento, que cada día se va expandiendo hacia senderos que nunca hubiera imaginado.

Siempre siendo fiel a mí misma, sin perder mi integridad, mis valores y mi idiosincrasia.

Desde mi punto de vista, el hecho de abordar un problema en la piel sin tener en cuenta la globalidad y circunstancias de la persona es un tremendo error. 

No podemos obviar aquello que genera impacto en nuestras vidas como son nuestros hábitos, la alimentación, el sueño y el descanso o los pensamientos y emociones. La piel es un órgano maravilloso que nos revela mucha información. Cuidarla no es una frivolidad estética, sino SALUD.

La piel es solo la punta del iceberg, hasta donde quieras profundizar depende únicamente de ti.

Han sido años de observación, estudio y experiencia, dando lo mejor de mí misma en cada momento a cada persona que pasó por mis manos, con la energía infatigable de quien se desvive con vocación y devoción por ayudar a los demás, para que se sientan mejor, para que se vean mejor, siempre con un profundo respeto, sutileza y amor.

TU eres mi MUSA para ti lo he creado y a ti te doy las GRACIAS.